¿Cómo escribo?

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Este tema puede parecer trivial, y a muchos de nosotros nos puede venir a dedo el chistecito «Fácil, yo escribo una palabra detrás de otra», pero créeme que es mucho más que todo eso.

Tienes que tener en cuenta que la forma en la que comencemos a escribir (y la que mantenemos después de haber empezado, o incluso cuando retomamos un texto) puede condicionar los resultados que obtendremos, así como los niveles de frustración y los distintos estados de ánimo por los que pasaremos a lo largo de nuestro peculiar sendero. Llevo escribiendo un tiempo ya y no hay dos senderos iguales; cada día mi camino se distorsiona. Puede llegar el momento en el que penséis que no sois escritores, que vuestros textos no valen nada y es justamente ese momento en el que estáis por el camino correcto.

1. Cada día, todo cambia

Algunos días, al comenzar a escribir, me encuentro frente a un precipicio; un lugar donde quizás lo más sensato sería saltar al vacío y abandonar, rendirse. Otros, en cambio, me encuentro en mitad de una llanura desolada; ¿dónde fuisteis, palabras? ¿Acaso la desolación es el deber y fin último de nuestras ideas? Yo creo que no, pero créeme cuando te digo que después del desierto siempre viene el frescor, después de la desesperanza, la victoria. Pero hay que saber luchar por ella.

Cada día te enfrentarás a nuevos problemas y retos en tu vida y yo considero que la mejor forma de escribir es vivir nuevas experiencias. Todas las imágenes, cualquier emoción, cualquier palabra que cruces con un desconocido es una nueva experiencia, una aventura. Estas vivencias pueden ayudarnos a aprender de los precipicios o a saber adaptarnos a la desolación. Todo tiene un lado positivo en la vida, y tenemos que aprender a encontrarlo.

2. Cuestiona tu vida, todo, salvo una cosa

Todos los días, cuando salgas de casa, debes empezar a darle vueltas a la cabeza. Cuestiónate tu vida, vuelve a leer los textos que escribas y observa tu alrededor. La inspiración está por ahí, esperándote. Analízate a ti mismo y a tu forma de ser y de vivir, pero nunca jamás cuestiones la pregunta más importante de todas. Esa pregunta a la que ya has respondido la primera vez que cogiste el lápiz y comenzaste a escribir: eres un escritor/a y no vas a tirar la toalla.

No permitas que una inspiración vacía, un yermo campo de palabras en el que los adverbios se comen el trigo y en el que la luz es un recuerdo de tiempos mejores, agobie tu forma de escribir y acabe marchitando tus sueños. Como dice Andrew Bennett, seremos buenos escritores gracias a la revisión de nuestros textos y no gracias a la calidad de nuestros manuscritos.

3. ¿Y ahora qué?

Si quieres escribir, sal a la calle con una sonrisa y observa tu alrededor. Aprende de tus errores y nunca desprecies ningún mal relato, porque eres un escritor por encima de todo y la hazaña merece la pena, créeme. No temas al fracaso, no abandones. Es mejor vivir toda una vida tras un sueño que abandonarlo y saber que jamás llegará. La buena escritura llegará con tiempo, si se la persigue y es en los pequeños momentos donde hay que luchar por ella, donde hay que aprender a encontrarla y encontrarnos a nosotros mismos.

Cuestiona tu vida y escribe sin pensar, no te censures, escribe. Sobretodo se tu mismo y si alguna vez te cuestionas si dejarlo todo o si realmente merece la pena lo que haces, es entonces en ese momento cuando tienes que salir corriendo frente a un papel. Es en ese momento cuando tienes que luchar por tu sueño porque te aseguro que hay un escritor dentro de cada uno de nosotros. Un escritor que escribe todas las palabras de nuestra vida, de nuestras experiencias. Su voz está deseando salir. Quiere hablar.

Juntos podremos conseguirlo.

Mucho ánimo compañer@s en vuestro sendero.

Seguid luchando por vuestros sueños un día más.

Fuente de la imagen: http://thamarana.wordpress.com/2011/01/01/una-libreta-en-blanco/