El prudente manejo de la conjunción que (parte I: el dequeísmo)

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Al tratarse de nuestra primera entrega para esta sección en 2016, permítenos en primer lugar enviaros nuestros mejores deseos para el año que acaba de comenzar y esperamos seguir sumando muchas experiencias literarias juntos. Tras haber finalizado los episodios correspondientes a los signos de puntuación, queríamos departir en esta ocasión acerca de una de las conjunciones más utilizadas en la lengua escrita y hablada y que, normalmente, viene acompañada de una preposición que puede causar confusión a la hora de emplear ambas combinadas. Por ello, desde esta comunidad os queremos advertir y aconsejar sobre un defecto muy común por parte de todos los hispanohablantes y que deberíamos corregir en la medida de lo posible: se trata del dequeísmo

1. El dequeísmo

¿De qué estamos hablando exactamente? El dequeísmo consiste en la utilización indebida de la preposición de por delante de la conjunción que cuando el empleo de la primera resulta inadecuado pues no viene exigido por ninguna palabra anterior en la oración.

2. Casos en los que se incurre en dequeísmo

Se suele incurrir en dequeísmo en los siguientes supuestos:

1. Cuando la preposición de precede a una oración subordinada sustantiva de sujeto. El sujeto de una oración nunca va precedido de preposición y, por consiguiente, son incorrectas oraciones como: Me alegra de que vengáis a la fiesta (se dice: Me alegra que vengáis a la fiesta); Es seguro de que necesita ayuda (se dice: Es seguro que necesita ayuda); Le preocupa de que no estés preparado (se dice: Le preocupa que no estés preparado); Es posible de que llueva mañana (se dice: Es posible que llueva mañana). Si no se sabe identificar el sujeto en las pasadas oraciones, proponemos un truco: sustituyamos la construcción que sigue al verbo por el pronombre neutro eso —esta partícula cumpliría la función de sujeto— y reformulemos las oraciones: Me alegra eso; Es seguro eso; Le preocupa eso; Es posible eso. Comprobamos que la preposición de no tiene cabida entre el verbo y el sujeto (no se dice Es posible de eso), por lo cual se incurriría en dequeísmo si se empleara en las oraciones arriba mencionadas. Algunos de estos verbos, cuando se usan en su forma pronominal (alegrarse, preocuparse, etc.), sí exigen un complemento precedido de la preposición de. En ese caso, el uso conjunto de la preposición y la conjunción es obligatorio: Me alegro de que vengáis a la fiesta, y no Me alegro que vengáis a la fiesta; Me preocupo de que estés preparado, y no Me preocupo que estés preparado. Mediante la sustitución con el pronombre neutro, se corrobora la correcta escritura de las oraciones: Me alegro de eso y Me preocupo de eso.

2. Cuando la preposición de precede a una oración subordinada sustantiva de complemento directo. Esto ocurre, en especial, con verbos que expresan pensamiento (pensar, opinar, creer, considerar, etc.), habla (decir, comunicar, exponer, etc.), temor (temer, etc.) y percepción (ver, oír, etc.). El complemento directo nunca va precedido de la preposición de y, por consiguiente, son incorrectas oraciones como: Pienso de que les ganaremos mañana (se dice: Pienso que les ganaremos mañana); Me dijeron de que se iban de viaje (se dice: Me dijeron que se iban de viaje); Temo de que no puedas llegar puntual (se dice: Temo que no puedas llegar puntual); He oído de que te mudas a Francia (se dice: He oído que te mudas a Francia). Si sustituimos el complemento directo —en todos estos casos empieza con la conjunción que— por el pronombre neutro lo, comprobamos que son correctas: Lo pienso, Me lo dijeron, Lo temo y Lo he oído.

3. Cuando la preposición de precede a una oración subordinada de atributo en oraciones copulativas con el verbo ser. Este complemento, por lo general, no va precedido de preposición y, por ende, son incorrectas oraciones como Mi intención es de que todos puedan participar (se dice: Mi intención es que todos puedan participar). Todo atributo se puede sustituir por el pronombre neutro lo, que antecede al verbo en toda oración copulativa, por tanto en este caso diríamos: Mi intención lo es (lo equivale a que todos puedan participar).

4. Cuando la preposición de se introduce en locuciones conjuntivas que no la llevan: a no ser de que (se dice: a no ser que), a medida de que (se dice: a medida que), una vez de que (se dice: una vez que): Una vez que haya terminado el concierto, nos iremos a casa a descansar.

5. Cuando se usa la preposición de en lugar de la que realmente exige el verbo: Insistieron de que nos uniéramos a ellos (se dice: Insistieron en que nos uniéramos a ellos); Me fijé de que no se había afeitado (se dice: Me fijé en que no se había afeitado). En este caso concreto, también existe un sencillo truco ante las dudas que se nos puedan plantear: sustituyamos la subordinada por el pronombre neutro eso y comprobemos la sonoridad de la oración en cada supuesto: Insistieron de eso e Insistieron en eso. Concluimos que la segunda es la opción correcta.

A buen seguro, la información que hemos anteriormente desarrollado te puede resultar confusa en cierto sentido y es en este momento cuando te puedes estar preguntando: si no conozco las construcciones léxicas de memoria, ¿cómo tengo la certeza de que no estoy incurriendo en dequeísmo en mi escritura? Un método que puede resultar útil en muchos de los supuestos anteriores para determinar si debe emplearse la construcción «preposición + que», o simplemente la conjunción que, es el de transformar el enunciado dudoso en interrogativo. Si la pregunta exige ir encabezada por la preposición, ésta ha de mantenerse en la modalidad enunciativa. Si la pregunta no lleva preposición, tampoco ha de usarse ésta en la modalidad enunciativa: ¿De qué se preocupa? Se preocupa de que…¿Qué le preocupa? Le preocupa que…; ¿De qué está seguro? Está seguro de que…¿Qué opina? Opina que…; ¿En qué insistió el profesor? Insistió en que…

Una vez que hemos estudiado las diferentes posibilidades y tras haber aconsejado sobre cómo y cuándo no incurrir en dequeísmo, a continuación vamos a aportar una serie de ejemplos sobre otros casos en que se pueden utilizar, indistintamente, la construcción «preposición + que» o la mera conjunción que a la hora de elaborar oraciones. Los grupos de palabras que se acogen a estas excepciones son los siguientes:

 — Los verbos advertir, avisar, cuidar, dudar e informar, en sus significados más comunes, pueden construirse de las dos maneras: advertir que (a alguien) y advertir de que (a alguien); avisar que (a alguien) y avisar de que (a alguien); cuidar que o cuidar de quedudar quedudar de queinformar que (más común en América) e informar de que a alguien (más común en España). De hecho, vamos a recordar un curioso caso que ocurrió en España: hace no muchos años, una compañía nacional de telecomunicaciones cambió su mensaje de bienvenida a su servicio contestador y el nuevo rezaba: El servicio contestador le informa de que no tiene mensajes, cuando anteriormente siempre había dicho El servicio contestador le informa que no tiene mensajes. En aquel tiempo, los lingüistas y expertos en la materia ya aceptaban las dos formas y aseguraban que la nueva forma del mensaje no era incorrecta. Así pues, y en resumen, con estos verbos la presencia de la preposición de antes de la conjunción que no es obligatoria.

Antes que o antes de que. Con significado temporal, ambas construcciones se consideran válidas. Sin embargo, en el pasado, precediendo a la oración que expresa el acontecimiento de referencia, se usaba sólo la locución conjuntiva antes que (proveniente del la expresión latina ante quam o antequam): Antes que ellos nos descubran, aprovechemos para huir. Si el término de referencia temporal no es un verbo en forma personal sino un sustantivo, un pronombre o un infinitivo, antes debe ir seguido de la preposición de: Antes de quince días debemos terminar el trabajo; Antes de llegar se detuvieron por el camino a descansar. Del cruce de antes que y antes de surgió antes de que, variante de la locución conjuntiva que, en un principio, se rechazó por dequeísta, pero que hoy se acepta como válida. Por consiguiente, es igualmente correcto decir Llegará antes que anochezca y Llegará antes de que anochezca. No confundamos esta ambigüedad en el uso con otros casos como el de esta locución cuando expresa preferencia, pues sólo es válida la forma antes que: Antes que rendirme, muero con las botas puestas. Con este último sentido, es posible intercalar los elementos entre antes y que: Antes muerto que vencido.

Después que o después de que. Es un caso equivalente al anterior, pues ambas construcciones son válidas siempre y cuando expresen un significado temporal. En un principio, se utilizaba sólo la locución conjuntiva después que (en latín, post quam o postquam) previa a la oración que expresa el acontecimiento de referencia: Después que terminara su trabajo, marchó a casa a descansar. Al igual que con la construcción antes de, si el término de referencia temporal no es una oración con verbo en forma personal, sino un sustantivo, un pronombre o un infinitivo, ha de usarse el adverbio después seguido de la preposición de: Después de comer nos tumbamos a tomar el sol. Del cruce de después que y después de surgió después de que, variante de la locución conjuntiva y censurada en primera instancia por dequeísta, pero considerada hoy en día como válida. Así, es igualmente correcto decir Después que partiste, llamó tu hermana y Después de que partiste, llamó tu hermana.

Con tal (de) que. Esta locución de valor condicional puede usarse con la preposición de o sin ella: Con tal que consiga sus objetivos, pactará hasta con el mismísimo diablo; Hazlo como desees, con tal de que mañana tengamos resultados. Ambas oraciones son equivalentes, pero en el uso culto se prefiere la construcción con la preposición de.

3. Conclusiones

Como hemos podido constatar, el manejo de la conjunción que puede llegar a convertirse en un auténtico quebradero de cabeza una vez nos sentamos frente a un relato que, fruto de la inspiración del momento, ha sido confeccionado en poco tiempo y, a causa de esa rapidez en su composición, se espera una intensa fase de revisión por nuestra parte. En esta primera entrega sobre el prudente uso de la conjunción que hemos intentado dar respuesta a esas dudas que puedes albergar a la hora de emplearla en combinación con la preposición de o de no hacerlo para no incurrir en dequeísmo. En la próxima nos dedicaremos a estudiar otro defecto bastante común en lengua escrita y hablada que implica a la preposición y la conjunción ya mencionadas: el queísmo. Sea como fuere, como buenos humanos con el don de errar, desde esta sección seguiremos aportándote nuestros consejos para que, una vez hayas confeccionado tu obra literaria, te dediques y entregues a esa triple misión que resulta para todo escritor inexorable: revisar, revisar y revisar.

¡Hasta nuestros próximos gazapos!

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Carlos Desán

Colaborador de la sección Las olvidadas revisiones

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