El prudente manejo de la conjunción que (parte II: el queísmo)

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Una vez hemos puntualizado el correcto uso de la preposición de y la conjunción que con objeto de no abusar de su combinación y evitar el famoso dequeísmo, nos resta departir sobre el caso contrario al que hemos analizado: es decir, el uso indebido de la conjunción en solitario cuando debe, obligatoriamente, ir precedida de la preposición. Se trata del queísmo.

1. El queísmo

¿De qué estamos hablando exactamente? El queísmo es la la supresión indebida de una preposición (por lo general de) delante de la conjunción que, cuando la preposición viene exigida por alguna palabra del enunciado. 

2. Recomendaciones sobre el queísmo

No debe suprimirse la preposición de en ninguno de los siguientes supuestos:

a) Con verbos pronominales que se construyen con un complemento de régimen: acordarse de algo, alegrarse de algo, arrepentirse de algo, fijarse en algo, olvidarse de algo, preocuparse de o por algo, etc.: Me alegro de que vinieras anoche (en vez de Me alegro que vinieras anoche); Me olvidé de que tenía que hacer la compra (en vez de Me olvidé que tenía que hacer la compra); Te preocupaste de o por que no nos pasara nada (en vez de Te preocupaste que no nos pasara nada); Se acordaba de que era mi cumpleaños (en vez de Se acordaba que era mi cumpleaños); Me fijé en que se iba siempre a la misma hora (en vez de Me fijé que se iba siempre a la misma hora); No me acordé de que tenía que llamarte anoche (en vez de No me acordé que tenía que llamarte anoche). Algunos de estos verbos, cuando se emplea su forma no pronominal, se construyen sin preposición, pues, en ese caso, la oración subordinada ejerce de sujeto o de complemento directo: Me alegró que vinieras anoche (en vez de Me alegró de que vinieras anoche); Olvidé que tenía una reunión (en vez de Olvidé de que tenía una reunión) (en este caso concreto, se estaría incurriendo en dequeísmo).

b) Con verbos no pronominales que se construyen con un complemento de régimen: convencer de algo, insistir en algo, tratar de algo (en el sentido de ‘procurarlo, intentarlo’), etc.: Lo convencí de que solicitara ese empleo (en vez de Lo convencí que solicitara ese empleo); Insistió en que nos quedásemos a dormir (en vez de Insistió que nos quedásemos a dormir); Trato de que os sintáis como en casa (en vez de Trato que os sintáis como en casa).

c) Con sustantivos que llevan complementos preposicionales: Iré con la condición de que me recojáis al terminar (en vez de Iré con la condición que me recojáis al terminar); Tengo ganas de que llegue el verano (en vez de Tengo ganas que llegue el verano); Ardo en deseos de que vengas a verme (en vez de Ardo en deseos que vengas a verme).

d) Con adjetivos que llevan complementos preposicionales: Estamos seguros de que no fallaremos (en vez de Estamos seguros que no fallaremos); Estoy convencido de que llegarás lejos (en vez de Estoy convencido que llegarás lejos).

e) En locuciones como a pesar de que (no a pesar que), a fin de que (no a fin que), a condición de que (no a condición que), en caso de que (no en caso que), etc: Asistiremos a pesar de que llueva (en vez de Asistiremos a pesar que llueva); Solicité la ayuda a fin de que me la concedieran (en vez de Solicité la ayuda a fin que me la concedieran); Trabajaré el domingo a condición de que me concedan un descanso el lunes (en vez de Trabajaré el domingo a condición que me concedan un descanso el lunes); En caso de que no puedas terminar, contesta las preguntas que puedas (en vez de En caso que no puedas terminar, contesta las preguntas que puedas).

f) En la construcción hasta el punto de que (no hasta el punto que). Llegó a casa tan tarde hasta el punto de que su madre, que nunca se irritaba por ello, lo abroncó duramente (en vez de Llegó a casa tan tarde hasta el punto que su madre, que nunca se irritaba por ello, lo abroncó duramente).

g) En las locuciones verbales caber, o haber, duda de algo, caer en la cuenta de algo, darse cuenta de algo: No cabe duda de que es una gran persona (en vez de No cabe duda que es una gran persona); Pronto cayó en la cuenta de que no había nadie (en vez de Pronto cayó en la cuenta que no había nadie); Nos dimos cuenta de que se hacía tarde (en vez de Nos dimos cuenta que se hacía tarde). No deben confundirse las locuciones caer en la cuenta, darse cuenta, que exigen de, con tener en cuenta, que no exige la preposición: No tiene en cuenta que nos esforzamos (en vez de No tiene en cuenta de que nos esforzamos) (en este último caso se estaría incurriendo en dequeísmo).

A continuación, se presentan unos casos ambiguos los cuales hemos detallado en nuestra entrega anterior, pero que conviene recordar pues son aplicables de igual manera. Reproducimos el extracto correspondiente a dicha entrega.

— Los verbos advertir, avisar, cuidar, dudar e informar, en sus significados más comunes, pueden construirse de las dos maneras: advertir que (a alguien) y advertir de que (a alguien); avisar que (a alguien) y avisar de que (a alguien); cuidar que o cuidar de quedudar quedudar de queinformar que (más común en América) e informar de que a alguien (más común en España). De hecho, vamos a recordar un curioso caso que ocurrió en España: hace no muchos años, una compañía nacional de telecomunicaciones cambió su mensaje de bienvenida a su servicio contestador y el nuevo rezaba: El servicio contestador le informa de que no tiene mensajes, cuando anteriormente siempre había dicho El servicio contestador le informa que no tiene mensajes. En aquel tiempo, los lingüistas y expertos en la materia ya aceptaban las dos formas y aseguraban que la nueva forma del mensaje no era incorrecta. Así pues, y en resumen, con estos verbos la presencia de la preposición de antes de la conjunción que no es obligatoria.

Antes que o antes de que. Con significado temporal, ambas construcciones se consideran válidas. Sin embargo, en el pasado, precediendo a la oración que expresa el acontecimiento de referencia, se usaba sólo la locución conjuntiva antes que (proveniente del la expresión latina ante quam o antequam): Antes que ellos nos descubran, aprovechemos para huir. Si el término de referencia temporal no es un verbo en forma personal sino un sustantivo, un pronombre o un infinitivo, antes debe ir seguido de la preposición de: Antes de quince días debemos terminar el trabajo; Antes de llegar se detuvieron por el camino a descansar. Del cruce de antes que y antes de surgió antes de que, variante de la locución conjuntiva que, en un principio, se rechazó por dequeísta, pero que hoy se acepta como válida. Por consiguiente, es igualmente correcto decir Llegará antes que anochezca y Llegará antes de que anochezca. No confundamos esta ambigüedad en el uso con otros casos como el de esta locución cuando expresa preferencia, pues sólo es válida la forma antes que: Antes que rendirme, muero con las botas puestas. Con este último sentido, es posible intercalar los elementos entre antes y que: Antes muerto que vencido.

Después que o después de que. Es un caso equivalente al anterior, pues ambas construcciones son válidas siempre y cuando expresen un significado temporal. En un principio, se utilizaba sólo la locución conjuntiva después que (en latín, post quam o postquam) previa a la oración que expresa el acontecimiento de referencia: Después que terminara su trabajo, marchó a casa a descansar. Al igual que con la construcción antes de, si el término de referencia temporal no es una oración con verbo en forma personal, sino un sustantivo, un pronombre o un infinitivo, ha de usarse el adverbio después seguido de la preposición de: Después de comer nos tumbamos a tomar el sol. Del cruce de después que y después de surgió después de que, variante de la locución conjuntiva y censurada en primera instancia por dequeísta, pero considerada hoy en día como válida. Así, es igualmente correcto decir Después que partiste, llamó tu hermana y Después de que partiste, llamó tu hermana.

Con tal (de) que. Esta locución de valor condicional puede usarse con la preposición de o sin ella: Con tal que consiga sus objetivos, pactará hasta con el mismísimo diablo; Hazlo como desees, con tal de que mañana tengamos resultados. Ambas oraciones son equivalentes, pero en el uso culto se prefiere la construcción con la preposición de.

3. Conclusiones

Tras analizar estas dos entregas, llegamos a la conclusión de que —utilizamos bien los conceptos aprendidos— el manejo de la conjunción que, sola o en compañía, es crucial para redactar todos y cada uno de nuestros textos, tanto formales como informales, y el entendimiento de los casos en que se debe utilizar acompañada o no de la preposición constituye el primer paso para un dominio sólido de la lengua escrita, a la vez que una gran ventaja en nuestra expresión oral —de hecho, la incursión en el queísmo o el dequeísmo, ya sea en lengua hablada o escrita, supone una evidente cacofonía en nuestro discurso, que deberíamos esforzarnos por evitar en la medida de lo posible—. Con esta segunda parte sobre el prudente uso de la conjunción que hemos intentado dar respuesta a esas dudas que puedes albergar a la hora de emplearla en combinación con la preposición de o de no hacerlo para no incurrir en dequeísmo. Sea como fuere, como buenos humanos con el don de errar, desde esta sección seguiremos aportándote nuestros consejos para que, una vez hayas confeccionado tu obra literaria, te dediques y entregues a esa triple misión que resulta para todo escritor inexorable: revisar, revisar y revisar.

¡Hasta nuestros próximos gazapos!

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Carlos Desán

Colaborador de la sección Las olvidadas revisiones

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