Entrevista a Ernesto Guerra

Esta semana hemos tenido una interesante entrevista con Ernesto Guerra, un joven escritor nacido en La Habana. A sus veintiséis años ya cuenta con haber ganado el VIII Premio Oscar Hurtado de Ciencia Ficción y Fantasía, uno de los más importantes de su país, por su relato Un cuerpo entre el centeno. Además es el CEO de Gerencia Literaria, donde ayuda a otros escritores a autopublicarse.

Entrevista a Ernesto Guerra

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Parte 1.  Presentación

Ernesto Guerra nació en La Habana, Cuba, en 1990. Desde los 12 años escribe fantasía y ciencia ficción. Es periodista, bloguero y adicto a Twitter e Instagram. Se interesó por la mitología a los 10 años, y ha reescrito No quiero ser un dios la ha tres veces. En 2015 fue ganador del VIII Premio Oscar Hurtado de Ciencia Ficción y Fantasía, uno de los más importantes de su país, por su relato Un cuerpo entre el centeno. Actualmente es CEO de Gerencia Literaria, donde ayuda a otros escritores a autopublicarse.

 

Parte 2. Entrevista

Raquel:  ¿Por qué una novela sobre mitología?

ErnestoDesde muy pequeño, me he sentido profundamente atraído por la mitología. Los mitos son el legado de nuestros antepasados, una herencia filosófica que está más allá de si la lluvia es un proceso natural o provocado por un ente furioso.

En mi caso, la mitología es un pretexto para mostrar algo más: la adolescencia. Y precisamente en los dioses antiguos, imperfectos, llenos de rabia, dolor y traiciones –más humanos que los representantes de las religiones contemporáneas– resultaron un pretexto para poder mostrar magia detrás de problemas reales.

Raquel: ¿De dónde te viene tu pasión por el tema?

Ernesto: Con 11 años era un ratón de biblioteca, y en mi escuela primaria había unos libros sobre mitos y leyendas de la antigua Grecia que me leía cada vez que había un tiempo libre. Los fines de semana me iba a la Biblioteca Pública de mi ciudad y con una libreta anotaba lo que me parecía más interesante de cada leyenda o religión antigua y, sin querer, fui conformando una base de datos muy interesante.

Un día, en el 2004, me percaté de que los mitos antiguos aún no estaban en el ojo público, como la magia de Harry Potter, los vampiros de Stephenie Meyer o los dragones de Christopher Paolini. Y decidí a meterme de lleno en ese campo, sin imaginar que Rick Riordan explotaría lo mismo.

Raquel: ¿Cuál es tu mito preferido?

Ernesto: Existen muchos mitos que amo. De los griegos, el de Psique y Eros es uno de los que más me gusta. En el mundo egipcio, la historia de Osiris y su resurrección es mi preferida, mientras que la muerte de Baldr y el regreso de Quetzalcóatl son mis leyendas de cabecera en la cosmogonía nórdica y azteca respectivamente.

Evidentemente, los temas de la resurrección, el amor y el sacrificio me atraen más. Son, de hecho, temas principales en la saga No quiero ser un dios.

Raquel: Puestos a escoger… ¿Qué Dios elegirías como tu padre? Y ¿cómo pareja?

Ernesto: Ya lo he elegido. En el libro, el personaje de Amed está vagamente inspirado en mí con 16 años, así que mi padre sería Amón, el dios egipcio. Como pareja, Perséfone.

Raquel: Entre tu novela y las de Rick Riordan hay muchas semejanzas. Ya me has contado lo curioso del asunto (de lo que hablaremos más adelante) pero dime  ¿Qué elementos crees que os separan?

Ernesto:  En primer lugar, Rick Riordan explota por separado los distintos mitos de las diferentes culturas. Sé que ya tiene sagas que van más allá de la Grecia Antigua y se extienden a Egipto y las culturas nórdicas de forma individual. En el caso de No quiero ser un dios, las figuras fantástico-mitológicas conviven en el mismo mundo, convulso, y son dioses decadentes, que sobreviven gracias al legado de las culturas que nos antecedieron.

Por otra parte, en lo que podido leer y ver de Riordan, sus libros son demasiado centrados en Estados Unidos. Es decir, la puerta al Olimpo es el Empire State y de alguna manera eso me resulta demasiado imperialista.

Los adolescentes de Riordan están más enfocados en resolver sus problemas referidos a lo poco que se preocupan sus padres por ellos, y Percy parece estar emulando siempre por complacer las expectativas de Poseidón. Además, se involucran en aventuras muy inspiradas en los mitos propios de cada cultura.

En mi obra, los adolescentes son más humanos. Tenemos personajes con virtudes, pero también llenos de defectos. Está el caso del que roba a los demás, el que se involucra con sustancias nocivas, las confusiones en el ámbito sexual y los problemas familiares que pesan sobre los hombros de muchachos de 15 o 16 años de edad.

Asimismo, los mitos pueden encontrar puntos en común. En la misma trama están los descendientes de culturas nórdicas, latinoamericanas, griegas, árabes… y comparten los misterios de cada una de ellas.

Desde el punto de vista narrativo, Riordan usa un narrador protagonista, mientras que No quiero ser un dios presenta un par de tramas paralelas aparentemente inconexas que confluyen en algún punto para redondear la historia.

Raquel: Vivimos en un mundo muy competitivo y masificado donde cada vez más gente se dedica a una misma afición; donde antes solo cuatro personas tenían el don de crear historias ahora hay más  del doble. Lo que complica que todos puedan publicar…  Sin embargo existe la opción de auto publicarse ¿Cuál es tu postura? Dánosla desde ambos puntos de vista: escritor y profesional que ayuda a otros a que auto publiquen.

ErnestoNo quiero ser un dios ha estado en examen por cerca de cinco años y la editorial específica que se dedica a la literatura para jóvenes en mi país no se pronuncia al respecto. No dicen si la publicarán o si no cumple los estándares.

Esa incertidumbre puede terminar tu carrera de escritor. Yo mismo caí en una espiral en la que solo sentía decepción de mí mismo, y tenía engavetada la novela a la espera de un milagro. La escritora Castalia Cabott me ayudó mucho. Me demostró las ventajas de autopublicar y me motivó para ayudar a otros con los conocimientos que he adquirido durante años de estudios universitarios y por mi cuenta. Ella fue mi conejillo de indias para fundar mi propia editorial, Gerencia Literaria.

Con Gerencia he descubierto mucho talento que estaba a la espera de un milagro, desde autores eróticos como ella, hasta un creador que se estrenará próximamente y que tiene un talento descomunal, Nazareno Alba.

No siempre una editorial es garantía de calidad literaria, hay casos discutibles que lograron saltar al papel y ser bestsellers del New York Times con pésimas historias y fórmulas de escritura fácil.

Mi consejo para publicar es siempre buscar ayuda. Un tercer ojo puede notar lo que se te escapa desde la autocrítica.

En Gerencia hacemos trabajo serio de edición y ayudamos en la parte de marketing a los autores, sin cobrar honorarios por ese proceso. Funcionamos como una editora tradicional, solo que nuestro soporte es digital y de impresión bajo demanda. Invertimos muchas horas, porque el lector siempre agradece un libro bien escrito, editado y formateado.

El problema de la autopublicación es que a veces puede visibilizar obras de dudosa factura, pero para ello está el lector que, al final, es el que decide comprar o no la obra. Un buen libro siempre triunfa.

Raquel: Vemos que es una herramienta que abre muchas puertas a los que empiezan pero ¿no es una moneda de doble cara? Me explico: hace años era necesario un editor para ver si una obra tenía potencial y pulirla en caso de ser necesario pero con la auto publicación quitamos ese “filtro” y es posible que todos publiquen o ¿también existe un especie de editor virtual? Pregunto desde la absoluta ignorancia.

Ernesto: A veces los editores pueden equivocarse. J. K. Rowling fue rechazada por 12 editoriales y cuando escribió bajo seudónimo le sucedió lo mismo, y es una de las escritoras más exitosas de nuestra época.

Creo que el papel del editor es importante. Fundamental. Pero a veces, los editores se encierran en su burbuja de éxito y rechazan a los autores desconocidos, o solo quieren traducciones que hayan probado éxito.

La autopublicación quita el filtro del editor, pero añade el filtro de un lector escéptico, que puede juzgar realmente por la portada o por la sinopsis. Existen géneros privilegiados en el ámbito digital, como el romance o el homoerótico, cuyas ventas —al menos en mi experiencia— suelen ser más elevadas que las de otros.

No existe propiamente un “editor virtual” a no ser que envíes tu obra a una editorial digital y se encargue de leer y valorar tu obra. Sin embargo, muchos escritores están reacios a publicar en otro soporte que no sea papel, porque les parece fácil. Y no lo es.

Autopublicar es fácil, pero articular una campaña por ti mismo, estar al tanto de las novedades de la industria, elegir si es Amazon o Smashwords tu plataforma… Es una lucha constante.

Raquel:  Ebook vs Libro en papel ¿Hacia dónde vamos? Porque cada uno tiene una opinión diferente. ¿Crees que en la década de tus nietos seguirán habiendo libros en papel?

Ernesto: Yo nací en la época de los libros en papel, en un país subdesarrollado con baja penetración de internet y dispositivos de lectura. En Cuba hay muy buenas editoriales, pero por ciertos temas del embargo norteamericano los libros que están en la palestra mundial son muy caros o llegan tarde.

En ese sentido, los libros digitales se han convertido en mi prioridad desde que tuve un Smartphone. Ahí leí Canción de Hielo y Fuego, El guardián entre el centeno, libros de Haruki Murakami, Ernest Hemingway, Julio Cortázar, y una serie de obras que han guiado mi carrera literaria.

No veo la desaparición de los libros en papel como algo inminente pero, al menos yo, no soy dependiente de ellos. Los eBooks son más prácticos en términos de que no puedes llevar, por ejemplo, cien libros en la cartera, mientras que en un dispositivo móvil es muy fácil. No necesitas luz para leer, pues el dispositivo la trae incorporada, además de que es una lectura muy privada.

Por otra parte, espero que sí haya libros en papel. Mis nietos podrían no leer en pos de hacer otras cosas que los dispositivos permiten y son como cantos de sirenas. Mucha gente prefiere escuchar “Sugar crush” antes que el sonido de una página volteándose.

Raquel: Volviendo al tema de Rick Riordan ¿qué sentiste cuando un escritor consagrado se le había ocurrido la misma idea que a ti? Por un lado tiene que ser flipante  ¿no? Si hubieras sido unos meses más rápido…

Ernesto: Es gracioso. Yo no tuve idea de Rick Riordan y Percy Jackson como hasta el año 2012, ocho años después de haber comenzado mi saga. Al momento de conocerlo me sentí mal, porque evidentemente todo el mundo iba a pensar que me había inspirado en él cuando esa saga ni siquiera es una de mis preferidas. De Percy Jackson no he leído más de diez páginas, en primer lugar porque desde el punto de vista literario no me llama la atención y, por otra parte, quiero evitar contaminarme de alguna de sus ideas.

No quiero ser un dios se trata de narrar mi vida en una escuela de mi ciudad que es como el lugar donde van los “cerebritos” a estudiar. Tenía muchas ganas de compartir las experiencias con el mundo, así que decidí convertir a la gente que me rodeaba en semidioses. Hay mucha verdad disfrazada y mucha metáfora detrás de hasta el menor de los detalles de la novela.

La inspiración verdadera de la obra está en Harry Potter, saga con la que crecí y que me hizo decidirme a escribir.

Creo que igualmente, Riordan no inventó a los semidioses, ni yo tampoco. Decir que lo copié, sería como decir que Charlotte Brontë copió a Jane Austen porque sus obras tratan de seres humanos.

Ese miedo a ser acusado de plagio o de poco original fue lo que me frenó por todos estos años a publicar la obra. Con mi nuevo proyecto editorial he vencido ese miedo, y doy la opción de escoger.

El mundo está lleno de lectores y escritores.

Raquel: Muchas gracias por acompañarnos hoy Ernesto. Esperamos que esta entrevista sea inspiradora para todos nuestros seguidores. ¡Mucho ánimo con el proyecto Gerencia Literaria!

¡Feliz lectura!

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Raquel Peñalver 

 Sección Hazte eco y Hablemos de libros.