Eres tú el príncipe azul que yo soñé

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Taller literario – Escena 7

Eres tú el príncipe azul que yo soñé

Por Isabel María Sierra García

Estoy en la cama, dormida, con una cara de felicidad extrema, muy dulce, cuando siento posarse en mis labios los suyos, con un toque suave los presiona, originando un remolino de emociones en todo mi cuerpo, provocando que abra mis ojos de golpe…
Parte 1

Estoy en la cama, dormida, con una cara de felicidad extrema, muy dulce, cuando siento posarse en mis labios los suyos, con un toque suave los presiona, originando un remolino de emociones en todo mi cuerpo, provocando que abra mis ojos de golpe…

¡¡ Noooo !! Era otra vez el sueño. El sueño de mi infancia. Ya podría terminar en un rico revolcón que tanto me hace falta.

Yo creo que soñar siempre lo mismo tiene que ver con tanto oír el cuento de la Bella Durmiente, que por cierto es mi cuento favorito, a pesar de que mi madre me lo  leyese todas las noches, sí, todas las noches antes de dormir. Como la echo de menos.

Bueno, me voy a presentar.
Mi nombre, como no, es Aurora, tengo 34 años, soy enfermera. Vivo sola en mi piso. No tengo hermanos, ni padres, ni nada, solo una maceta en mi ventana con un enorme girasol, me encanta esa flor por su significado de amor profundo, son las flores que mejor expresan la fidelidad en el amor, pero yo no tengo que ser fiel a nadie. A mi edad no he conocido el amor verdadero, solo novietes para pasar un ratito a gusto, nada serio.  Yo quiero a mi príncipe azul, como la Bella durmiente, que me despierte de esta vida con un profundo beso  y me haga sentir viva. ¿Pido mucho?

Mejor me levanto y me preparo, sino, llegaré tarde al trabajo. Trabajo en la planta de cuidados intensivos, mi segunda casa, allí siento que soy yo.

Pego un brinco de la cama con todas mis energías, me voy al baño a darme una ducha, que mejor forma que salir de casa con una rica sensación de frescura.  Ahora me tomo mi rico café con leche, sino, no soy persona, lista.

Parte 2

Estoy entrando por la puerta de servicio del hospital, un nuevo día para mí, pero no para él, ahora su vida está en stop, desde aquel fatídico accidente de moto. Entró por urgencia, pero poco se podía hacer por él, llevaba casco, pero tuvo un fuerte golpe en la cabeza y desde entonces no despierta, está dormido, en coma, lleva así … mañana será justo un año.

Allí está mi compañera, esperando a que le cambie el turno.

— Buenos días, Flora. ¿Cómo te ha ido la noche?

—Hola, Aurora. La noche ha sido Tranquila — contesta Flora.

Flora se me acerca y me estampa dos sonoros besos. !Jolines¡ hasta babas me deja, pero no me importa. Flora es como mi hada madrina, lleva 23 años trabajando aquí, y de ella lo he aprendido todo.

En mi mente lo tengo a él, sí, ya me ha dicho Flora que la noche está tranquila, sin novedades, pero no puedo resistirme preguntar sobre nuestro príncipe. Sí, así le llamamos. Lleva dormido mucho tiempo, como la Bella durmiente, culpable soy del nombre.

—Flora, y príncipe ¿Cómo está?

Flora me mira con cariño y me sonríe, ella sabe el afecto que le tengo.

—Felipe como siempre, durmiendo — me contesta Flora.

Flora coge su bolso y se va, no sin antes lanzarme  un beso.  Me guiña un ojo.

Felipe es de piel morena, castaño de pelo, muy guapo, tiene 42 años, eso dice su ficha, pero aparenta menos. Sus ojos son… no sé cómo son sus ojos, nunca se los he visto abiertos, y muero por verlos, imagino que son los ojos más bonitos que haya visto nunca.

Voy hacer la ronda, son pocos pacientes los que tengo a mi cargo. Mi primera visita es a la suya. Con urgencia entro en la habitación, ahí está, dormido, como si se fuese a despertar en cualquier momento.

Me acerco como siempre y le tomo la mano.

—Buenos días, Felipe. ¿Cómo pasaste la noche? — como siempre espero que me conteste, que mueva un dedo, algo… pero nada. Me inclino hacia él, inspiro, que bien huele a lavanda, la colonia que Flora utiliza, se nota que ella ha estado aquí.  Hago el amago de darle un beso, muero por tocar su boca, pero no puedo, no es ético ni moral, estoy en mi trabajo. Alguien me puede ver y tendría serios problemas. Pero sé, que un día no podré evitarlo, mi corazón grita que lo haga, y mi cabeza también.

Salgo de la habitación, todo está como debe de estar, sigo visitando a los demás pacientes.

El día va tranquilo, sin sobresalto, así que vuelvo acudir a la habitación de Felipe, me encanta sentarme a su lado, y hablarle lo que me pasa el día a día, mis deseos, mis sueños, como ahora que le empiezo a contar mi sueño matutino.

—Sabes príncipe, hoy he vuelto a tener ese sueño, ese donde me despierto justo en el momento en que me vas a dar un beso.

Le cojo de la mano, le acaricio, dando pequeños círculos en su mano con mi pulgar, a ratos le presiono con el mismo, a ver si lo nota, a ver si despierta. Pero no, siempre igual, no pasa nada.

Suspiro profundamente, sé que un día abrirá esos ojos y me buscará, lo sé.
Mientras sigo sentada, agarrada a su mano, tarareo la canción de la Bella durmiente, siempre la tengo en mente.

Eres tú mi príncipe azul que yo soñé
eres tú, tus ojos me vieron con ternuras de amor
y al mirarme así, el fuego encendido mi corazón
y mi ensoñación se hará realidad
y te adorare como aconteció en mi sueño ideal ….

Que tonta y cursi me siento cantando esta canción, cualquiera que me escuche pensará que estoy loca. Miro el reloj, vaya hora de cambiar el turno. Que rápido pasa el tiempo.

Veo que llega Fauna, es una chica joven, acaba de entrar en plantilla, muy cariñosa.

—Hola, Aurora. ¿Cómo te fue el día? — me pregunta

Le sonrío acercándome a ella, le doy dos besos. —Por aquí todo tranquilo—
Cojo mi bolso y antes de irme le digo a Fauna.

—Fauna, si príncipe  se despiertas, ¿me llamarás?

—Que Sí, tonta. No me lo preguntes siempre, yo te llamo— me contenta Fauna.
Me voy intranquila, tengo el presentimiento de algo, pero bueno, eso me pasa siempre.

Llego a casa,  antes me he parado en la tienda que hay cerca para comprar un par de cosas; leche, huevos, jamón, y mi café, que ya no me quedaba.  Esta noche cenaré una tortilla de jamón.

Estoy en la cama, es tarde, me he entretenido viendo la tele. Estoy tan cansada que se me cierran los ojos. Pongo el móvil a cargar en la mesita, por si acaso llaman, ojala.

No sé qué me pasa, no puedo dejar de pensar en él. Desde el día que entró en planta, había algo que me atraía como un imán. Todos me dicen que me he enamorado, pero ¿eso como puede ser? si nunca hemos hablado, no le conozco, solo su cuerpo, ahí en la cama siempre. Yo creo que es  instinto de protección más que amor. ¿No?

Me sobresalto al escuchar el móvil sonar, son la una de la mañana ¿Quién será a esta hora?

—Sí, ¿Quién es?— pregunto.

—¿Aurora? ¿Aurora?, soy Fauna. No quiero asustarte, pero ven. Me dice Fauna con una voz susurrante.

—¿Qué pasa? ¿Se despertó Felipe?— le contesto con pregunta.

Hay un silencio en la línea de teléfono, Fauna no me dice nada.

—No Aurora, se va, príncipe se va para siempre.

Tiro el teléfono en la cama, y lloro, lloro como nunca lo había hecho. Cierro los ojos con fuerza, quizás solo haya sido mi imaginación. Felipe no se puede morir, yo no estoy allí.
No puedo dejar de llorar, no puedo moverme. Siento como mis lágrimas inundan mi cara, alguien me llama.

—Aurora, Aurora – dice una voz dulce y fuerte.

No puedo moverme, no puedo abrir los ojos del dolor que siento, mi cara está húmeda.

—Aurora, mi vida, abre los ojos. Aurora despierta, estoy aquí contigo. ¡Auroraaaaa!

Algo en mi reacciona, dejo de llorar, y poco a poco abro los ojos. Aquí está, como siempre, cuidando de mí. Mi príncipe.

—Aurora, ya pasó la pesadilla, estoy aquí amor, deja de llorar. — me dice Felipe.
Me sujeta la cara con las dos manos para que fije mi mirada a la suya, lo miro con intensidad. Felipe acerca sus labios a los míos y me besa profundamente, como si la vida le fuese en ello.

Una vez más ha calmado mi pesadilla, la tengo desde el día que despertó del coma, desde entonces estamos juntos, inseparables. Ya van tres años, pero mi miedo siempre está ahí. ¿Y si se vuelve a dormir y no despierta nunca?

Felipe termina ese maravilloso beso, me mira y suspira.

Yo le miro a él y sonrió, una última lágrima termina su recorrido por mi mejilla.

—Prométeme, que no me dejarás nunca. — Le digo.

Me mira con esos hermosos ojos verdes, que brillan cada vez que me miran,  se acerca a mi cuello, me huele, me sonríe.

—Eres la princesa de mi sueño hecho realidad. Nunca te dejare escapar.