Estableciendo una meta para la escritura

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El mes pasado os hablaba sobre si debemos considerarnos escritores o no y compartí con todos vosotros lo que significa para mí ser escritor. En dicha entrada, os hablaba del entorno competitivo que nos rodea en nuestro día a día y os introducía que siempre teníamos que procurar tener una meta clara en nuestra mente para intentar desviar nuestros esfuerzos de cualquier empresa fútil que acabe desviándonos de dicha meta y así lograr nuestros deseos.

En el artículo de hoy, os quiero hablar sobre esas metas. Si bien es importante tener un espíritu que nos guíe a compartir historias y a transmitir nuestras vivencias, esto es, convertirnos en escritores, también debemos marcarnos una meta consecuente que nos permita lograrlo.

1. ¿Qué entendemos por meta?

Una meta, u objetivo, es un estado que queremos alcanzar en un área determinada de nuestra vida. En el campo de la escritura, una meta podría ser escribir un relato, escribir una novela, publicar una libro, etcétera. Estas metas van y vienen en nuestra vida y, en parte, se ven modificadas por nuestro estado de ánimo. Así, según nos encontremos un día, puede que la meta esté mas cerca o, por el contrario, que se nos escape por completo y nos parezca completamente imposible.

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Si queremos puntualizar más, y ya centrándonos en el campo que nos ocupa, la meta es un fin al que queremos llegar a lo largo de nuestro camino como escritores. Es el punto final de ese camino, nuestra imagen o sueño máximo en el campo de la escritura. Como ya hemos hablado, esto también se relaciona muy estrechamente con el tipo de escritor que queramos ser.

En cualquier caso, si ya dijimos que la senda del escritor no tiene fin, ¿qué pasa con una meta en la escritura? Pues bien, esta es, en parte, una de las principales fuentes de frustración: la perfección no existe, ya que cuando alcanzamos una meta, nuestra mente, siempre competitiva, querrá otra, y después, vendrá otra mucho más compleja y lejana. Esto se debe, en parte, al  proceso evolutivo en sí mismo. Una mente sin acción se aburre y siempre quiere más. La cuestión es saber dosificar ese combustible para permanecer siempre en el camino

2. ¿Qué meta escoger?

Como ya os comentaba en los artículos anteriores, debemos elegir sabiamente nuestras metas, para intentar no ponernos objetivos demasiados ambiciosos al principio. Quiero que tengáis en cuenta, una vez más, que lo que comparto con vosotros en el blog, se basa en mi experiencia, y podría ser que a vosotros os funcione de forma distinta: cada persona es un mundo.

Sin embargo, respecto al funcionamiento de la mente y a la competitividad de cada individuo, hay muchos denominadores comunes que nos cortan a todos por el mismo patrón. Por tanto, hay reglas comunes que podemos aplicarnos en la escritura, aunque dependerán de la situación que nos encontremos. De hecho, nuestra forma de pensar debe cambiar a medida que aprendemos de nuestros errores y nuestros objetivos deberán modificarse de forma consecuente.

3. Creando una hoja de ruta

La mejor forma de comenzar es pensar en una idea que nos venga a la mente o alguna creación literaria (ya sea relato o cuento) que queramos crear. Si es la primera vez que haces este ejercicio, es vital que empieces por algo pequeño, pues lo terminarás en seguida y podrás dedicarte a otra cosa, pero tendrás una creación terminada, y algo de lo que poder aprender y tomar como base para mejorar.

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Coge una hoja de un cuaderno, un post-it o el ordenador y piensa en esa idea especial que has tenido. Ten en cuenta que la inspiración no siempre nos acompaña, por lo que si no sale a la primera relájate y prueba más tarde. Cuando tengas más clara la idea, haz lo siguiente:

  1. Marcar una meta en un plazo de tiempo no demasiado largo y acorde a nuestro nivel. Ejemplo: escribir un relato o cuento corto en tres semanas. Y aquí quiero hacer un inciso. A no ser que estéis empezando a escribir y os queráis acostumbra o crear un hábito, ¡no fijéis esta meta en un número de palabras! Cuando empezamos a escribir, no es malo fijarnos el objetivo de escribir 500 palabras diarias, por ejemplo, pero después esto tiene que ser sustituido por objetivos mucho más atractivos y desafiantes: describir a un personaje, escribir un cuento o alcanzar un punto en nuestra historia. Tened en cuenta que habrá días en los que no escribiremos nada (yo llevo tres semanas para escribir este artículo, por ejemplo) y si ese día llega pues no pasa nada. Simplemente cerramos el ordenador o el cuaderno y nos dedicamos a otra cosa. 
  2. Analizar y descomponer nuestra meta en partes más sencillas. Ejemplo: elegir una temática, definir a los personajes, escribir el cuento, revisarlo, etcétera. Es importante descomponer nuestro trabajo para así ver la estructura en la que vamos a ordenar todas nuestras ideas (de esto hablaremos en el siguiente artículo), ya que, en cierto modo, tendremos que ordenar todas las ideas que vayan surgiendo para darle forma a la trama. Aquí se aplica el lema «divide y vencerás». Aquí tampoco falla.
  3. Ordenar las partes necesarias para cumplir nuestro objetivo y realizarlas. Ordena cada parte de tu objetivo y empieza a llevarlas a cabo. Cuando veas cómo encajan entonces la magia tendrá lugar. ¿No encajan? Pues desconecta un poco, sal a hacer ejercicio, disfruta de tu perro, de tus amigos o de la buena música y prueba más tarde. Ten en cuenta que estás empezando, y debes ir poco a poco. Así la recompensa será mucho mayor.

4. Revisar nuestras metas

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Una vez tenemos nuestra hoja de ruta y nos hemos puesto a recorrer nuestro camino, hay que revisar nuestro avance cada cierto tiempo, para ver si nos gusta lo que vemos y si estamos logrando nuestros propósitos. Ojo, si la meta es cortita, como crear un pequeño relato, puede ser que os lleve solo un par de horas y no haya mucho que revisar entre medias.

En cualquier caso, no está mal dejar reposar un poco el trabajo y sentarse después con nuestra pequeña hoja de ruta y ver si vamos por buen camino. Que no te importe corregir el rumbo las primeras veces. Esto me pasaba muy a menudo cuando escribía Mi justicia,  Entre las sombras o Última convocatoria y ¡gracias a Dios que cambié mi rumbo! El resultado fue mucho mejor de lo que esperaba, para haber sido mis primeros cuentos cortos.

5. Conclusiones

Sé que todo esto puede parecer muy fácil decirlo y difícil conseguirlo, pero la verdad es que no es tan complicado. En primer lugar, la primera premisa necesaria es la de no tener ningún agobio, por nada en absoluto. Hemos de ser conscientes de que quizás no lo logremos a la primera: hay que ser perseverantes y constantes.

En segundo lugar, debemos ser consecuentes con nuestras habilidades y si, por ejemplo, acabamos de empezar a escribir, no podemos pensar en escribir una novela en tres meses. Sé que hay muchos métodos en Internet que dicen que se puede pero, por favor, comienza antes por algo más pequeño o te frustrarás (te hablo por propia experiencia). La montaña se crea grano a grano.

Otra recomendación importante es que no paséis nunca de un objetivo a otro, ni abandonéis ningún proyecto a no ser que tengáis alguna razón de peso. No hay nada como obtener el fruto de nuestro trabajo; eso nos subirá la moral y nos dará mucha más confianza en nosotros mismos para poder pasar al siguiente peldaño. Tampoco podemos desesperar si no sale a la primera, pero lo importante es ir terminando nuestros proyectos para comenzar otro nuevo: el siguiente será siempre mejor que el anterior.

Finalmente, os quiero mandar un mensaje de ánimo a todos los que seguís esta iniciativa y a todos los que os incorporéis por primera vez al mundo de la escritura o que ya estéis andando por el sendero de la escritura. Debéis saber que la lección más importante es la que se aprende de uno mismo, así que no tengáis miedo a la equivocación y escribid, plantead vuestros objetivos y perseguirlos con tesón. No hay mejor recompensa que darle vida a un nuevo Frankenstein, a nuestra pequeña creación.

Como siempre, espero vuestras opiniones. ¡Animo escritores!