No lo dejes para otro día, ¡empieza hoy!

  • por

A lo largo del mes de mayo he reflexionado sobre mi forma de escribir. Resulta que ya no escribo tanto como antes, pero he mejorado y cada vez voy definiendo mejor mi estilo; conozco mis puntos fuertes y mis debilidades, lo que me permite pensar en cómo puedo mejorar. Sin embargo, hay un aspecto innegable, y es que ya no escribo tanto como antes y, por si fuera poco, los temores a la página en blanco han sido sustituidos por otro de los grandes temores de un escritor: la procrastinación.

1. Procrastinación

Esta palabra, que puede sonar extraña, no es ni más ni menos que el hecho de aplazar algo. Es decir, posponer una cosa para más adelante, bien porque no apetece hacerla, porque no se tiene tiempo o porque se cuenta con un montón de excusas, como suele ser mi caso algunas veces, por ejemplo.

2. ¿Por qué nos sucede esto?

Como ya he adelantado, tal y como hemos hablado en otros post y comentarios vuestros, la escritura es compleja y necesita de toda nuestra creatividad. Esta creatividad a veces no acude a nuestra mente por diversos factores y en otros casos, es suprimida por nuestro estado de ánimo o pesimismo. En mi opinión, existen motivos que pueden favorecer el hecho de que dejemos las cosas para otro momento. Estos motivos se pueden aplicar tanto a la literatura como a cualquier trabajo que tengáis que realizar y son los siguientes:

  1. No me gusta hacerlo.
  2. No me apetece hacerlo.
  3. Creo que no valdrá la pena.
  4. No me encuentro motivado.
  5. No creo que a nadie le guste esto.
  6. Seguro que sale mal.
  7. No tengo tiempo.
  8. Estoy cansado.

Y esto es solo una breve lista de motivos, los que se pueden multiplicar por miles en cada caso, todos diferentes, además de que cada uno de nosotros somos un mundo a parte. En parte, considero que estos motivos surgen, principalmente, por el pesimismo y la falta de ánimo, que siempre intenta buscar un culpable o motivo para «ponerle una cabeza de turco» a nuestra situación.

De esto se puede decir mucho, y hay bastantes recursos en la red o en la literatura que también describen esta situación. Por ejemplo, Stephen R. Covey, en su libro «Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva«, identifica 7 hábitos a seguir para mejorar nuestra efectividad. En los primeros capítulos, que tratan de los dos primeros hábitos, que son la proactividad (que significa tomar la iniciativa y hacer que las cosas sucedan, siendo responsable de mis actos y siempre guiado por mis valores y no por mis sentimientos) y tener siempre un fin en mente, se reflejan este reflexiones a la perfección.

Covey nos introduce que una persona que se contamina del entorno, del clima social, y que se mueve por sus propios sentimientos, y no por sus metas y valores, siempre se encuentra apagado, apesadumbrado y sin ganas de cambiar. Y es que tenéis que tener en mente que una historia será increíble si vosotros creéis en ella primero. No os debe importar lo que pensemos los demás siempre que a vosotros os guste.

Otra aportación, que también nos puede aportar luz sobre este as unto es el artículo del autor Andy Weir en Writer’s Digest, denominado 4 reasons you’re procrastinating instead of writing (http://www.writersdigest.com/editor-blogs/guide-to-literary-agents/4-reasons-youre-procrastinating-instead-of-writing).

Andy, que recientemente ha publicado una novela titulada «The Martian«, dice textualmente: «Every time you try to write, you end up spending the evening watching videos of cats on YouTube instead». Creo que recoge perfectamente el hecho de procrastinar en la escritura. Además, identifica una lista con cuatro posibles motivos por los que la procrastinación sucede:

  1. No sabes sobre qué escribir (tienes tantas ideas que te sobrecogen).
  2. Las historias son siempre más alucinantes en la mente que en el papel.
  3. Has compartido la historia con todo el mundo y ya no ves sentido alguno al hecho de escribirla.
  4. Crees que tu historia es buena, pero no sabes cómo acabará.

A continuación, hablaremos de algunos trucos que podemos utilizar para intentar combatir este problema (algunos sacados del libro que os he mencionado, otros de Andy Weir y algunos de mi propia invención o ya introducidos en este blog).

3. Combatiendo la procrastinación

La mejor forma de combatirla es pensar, por un momento, cuáles son nuestros objetivos. No me refiero a qué pretendemos conseguir con esa historia o relato, ni al tipo de escritor que queremos ser. Me refiero al objetivo en sí de la historia, al mensaje que queremos transmitir, la historia y los personajes. Por otro lado, es muy importante tener claro el final. No me refiero con esto a que planifiquéis cada línea de tu obra, sino que tengas en mente un punto final al que te gustaría llegar. Después, cuando reviséis la obra, podrás ajustar lo que no te guste y eliminar aquello que consideres superfluo.

Para trabajar este punto os recomiendo que leáis el libro de Stephen R. Covey, puesto que os enseñará a establecer vuestros valores, a estudiar vuestros puntos fuertes, y aprender de los débiles, y, sobretodo, a aprender a crear un plan y saber lo que queremos hacer (contar, escribir, estudiar, esto vale para todo).

Desde mi punto de vista, si ya os decía que corregir y revisar veinte veces un texto le añade veinte veces más calidad, el tener en mente un objetivo y una planificación es lo más interesante que podéis poner en práctica. Comenzad por un pequeño relato; intentad tener en mente la trama y haced notas en un papel acerca de: personajes, interacción, trama y final. Después, escribid la obra y leedla despacio, seguro que notaréis la mejoría, y eso que aún no la habéis pulido. En este caso que nos atañe es simple, pero imaginad que en una novela no hubiera planificación, ¡sería un caos! Siempre defiendo que la creatividad es buena y hay que improvisar, pero ojo, con unos mínimos, pues escribir sin un objetivo puede llevarnos a la frustración, y desembocar en la procrastinación.

Finalmente, Andy Weir nos propone cuatro técnicas interesantes para combatir los motivos que identificaba en su artículo (¡recordad que uno de ellos era la planificación!):

  1. Si tienes muchas ideas siéntate y escribe el primer capítulo o párrafo de cada una de ellas. ¿Qué te sugiere? ¿Que debería pasar después? Busca la que más te intrigue y te sorprenda y será esa con la que debes continuar.
  2. No te avergüences de tus ideas. En primer lugar son tuyas y no por eso deben ser malas, sino mejorables. En segundo lugar son eso, ideas. Ponte frente al papel y escríbelas, a ver que pasa. Si no te gustan, siempre puedes corregirlas o borrarlas, pero recuerda que estas decisiones quedarán sujetas a tus opiniones y juicios; nunca las antepongas a las opiniones de los demás.
  3. No le cuentes tu historia a nadie: sé tu propio confidente. Así te sentirás mucho más motivado. Cuando hayas terminado, compártela con tus revisores, tus amigos y lectores de confianza y tómate las críticas con paciencia, pues cuando la mayoría de la gente reconoce algún defecto casi siempre tendrán razón, aunque no por eso se acaba el mundo. ¡A pulir los defectos y tallar un gran diamante!
  4. Planificar, planificar y planificar. Piensa siempre en el final y ten en mente el camino que está siguiendo la trama. Permite al lector cierto albedrío, pero nunca des media vuelta en mitad de ese camino, o la historia estará perdida.

4. Futuro y conclusiones

Tranquilos si os sentís identificados con estas líneas: la procrastinación es algo muy normal. Tened en cuenta que, ya que conocemos algunas de sus causas y sus efectos, cada vez nos será más fácil intentar corregir esta actitud. Tampoco debemos olvidarnos de que, a no ser que tengamos la escritura como nuestro oficio y nuestra fuente de ingresos, no vale la pena obcecarnos cuando las cosas no salen. Si no sale, ya está. A veces es mejor tomarnos nuestro tiempo, descansar y, sobretodo, leer y vivir nuevas experiencias, pues la inspiración se encuentra, y viene sola, sin buscarla.