¿Planificar es importante?

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Se acercan mis vacaciones de verano y voy a hacer una pausa en la sección de experiencias hasta el inicio de septiembre. Pero tranquilos, no os preocupéis, ya que seguiré subiendo nuevas reseñas y relatos al blog, como de costumbre. Tengo muchas sorpresas para compartir; sin embargo, quiero reflexionar acerca de todo el contenido que hemos comentado y analizar vuestras inquietudes para ver sobre qué podemos hablar en las próximas entregas de esta sección, a la vuelta de las vacaciones.

Antes de esta breve pausa, me gustaría hablar, tal y como os prometí, acerca de la planificación de la escritura. En los últimos meses, hemos hablado sobre lo que significa ser escritor, el factor de la procrastinación en nuestras vidas y las metas para la escritura. Tampoco podemos olvidarnos de la reseña del libro Fish!, un libro que persigue convertir el trabajo en algo divertido. Hoy quiero que analicemos cómo podemos planificar nuestra escritura sin llegar al exceso y mermar nuestra capacidad creativa; para llevarlo a cabo de una forma práctica, usaré ejemplos reales y os contaré algunos hechos que me han sucedido lo largo de mi experiencia como escritor.

1. Planificación

Durante todos los años que llevo escribiendo, he utilizado muchas formas diferentes de planificar mis progresos. Esto se debe, en parte, a que soy una persona muy ordenada y metódica. Sin embargo, hace casi un año descubrí que cuando me relajaba, y no era demasiado estricto con mis planificaciones, escribía de forma más fluida y espontánea.

Todo sucedió mucho antes de crear este blog. De hecho, en ese momento me encontraba escribiendo algunos relatos que podéis leer hoy aquí. Fue bastante curioso porque yo tenía por aquel entonces una hoja impresa en la que anotaba el número de palabras que escribía al día. Por así decirlo, tenía varios indicadores o formas de controlar mis avances en la escritura. Estos indicadores me permitían ver mi avance al día, semana y mes. Aún así, no tiene ningún sentido establecer metas y objetivos sin sentido, pero yo no lo sabía en ese momento; además, la planificación que me hizo escribir sin parar pronto se volvió en mi contra. Fue todo lo contrario a lo que yo hubiera esperado.

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Os explico cómo llegué a esta obsesión por escribir. Puede ser que a muchos de vosotros os haya pasado o que hayáis tenido experiencias similares.

En aquel momento atravesaba un bajón sentimental y había perdido el interés por escribir, pues cada vez me gustaban menos mis historias y personajes (¡pobrecitos!, ¡No tenían culpa ninguna!). Como se espera de una situación de ese estilo, mis reacciones estaban condicionadas por mi estado de ánimo. Esto me hizo ser radical y pensar que quizás pudiera controlar y medir la escritura de forma analítica, obviando el arte que es en realidad. Este fue un gran error por mi parte, ya que por mucho que nos empeñemos los ingenieros, hay muchas cosas que no se pueden planificar ni medir, y la creatividad es una de ellas.

Cuando instauré todo ese sistema de objetivos, metas, etcétera, comencé una leve etapa de recuperación que me llevó varios meses. Durante este tiempo, vi como mi escritura mejoraba y empecé a escribir más que nunca, con mucha más rapidez, algo que jamás había conseguido.

Esta rapidez dio lugar a muchas historias, pero luego, como me faltaba una base sobre la que asentar mi planificación y mis objetivos, la montaña se vino abajo como un castillo de naipes; yo me quedé sin ganas de escribir y dejé la escritura casi aparcada durante varios meses Y es no tenía claro porqué tenía que planificar mi escritura. Es más, hoy sé que no tiene sentido planificar una cosa, más aún pensar en un objetivo, si no nos los creemos primero. Obviamente, todas las experiencias que llevo compartiendo con vosotros son pensamientos que he desarrollado después, desde ese instante en el que descubrí que me equivocaba en la manera en la que planificaba mis metas: comprendí que confundía la rapidez con la fluidez.

Antes de pasar a analizar estos términos, y para terminar esta introducción, me gustaría que pensáramos entre todos acerca de lo que significa planificar. Si nos ceñimos con exclusividad al diccionario, veremos una acepción muy atractiva, que implica trazar planes para llevar a cabo una acción o lograr un objetivo. Todo esto está muy bien, y era lo que yo pensaba en su momento pero, ¿qué pasa con la creatividad? ¿Donde la subscribimos en esta definición?

En realidad esa acepción no es incorrecta, pero lo que pasa es que es vaga y general, y fue pensada para una infinidad de materias o áreas; en nuestro caso, no nos sirve del todo. Ya hemos hablado de objetivos y de qué hacer para no procrastinar las cosas para otro día, pero ¡las tenemos que planificar para llevarlas a cabo! Tenemos que ser conscientes de que nuestro tiempo no es infinito y nuestra definición de planificar tiene que pasar por hacer un esbozo de un plan; este nos permitirá llegar a un punto en nuestro camino, siempre dirigido hacia el final , y logrando un avance progresivo sobre nuestra obra. Entonces, ¿dónde intervienen la rapidez y la fluidez en esa definición?

2. Rapidez vs. Fluidez

Para poder dar una definición más útil de lo que es planificar, vamos a aprender primero a diferenciar dos conceptos: rapidez y fluidez.

Al principio, cuando yo planificaba mi escritura, tenía unos objetivos en mente de escribir mucho y muy rápido, ¿verdad? Estoy seguro de que a más de uno os ha pasado. Pues bien, esto es en lo que consiste la rapidez: hacer mucho y muy rápido. Tenemos unos objetivos que nos fuerzan a correr, a tener siempre prisa y no conformarnos con nada: queremos más, ¡nos gusta la cantidad!

La fluidez consiste en que las ideas fluyan de forma continua y en la mayoría de los casos es constante. Es decir, que escribamos todos los días algo, independientemente de que luego haya que pulirlo más o menos. Esto no siempre es así, pues no tenemos por qué escribir todos los días, pero lo importante es que nuestras emociones tengan tiempo y madurez suficiente para fluir al papel. En este caso, no miramos el reloj ni tenemos prisas; somos conscientes de que estamos disfrutando y nos encanta.

Estos dos términos son contrapuestos contra todo pronóstico, y más aún al principio del camino como escritor. Si escribimos rápido no seremos constantes ni tendremos fluidez. Finalmente, acabaremos por dejar de escribir durante grandes períodos de tiempo y, como si se tratase de oferta y demanda, gastaremos todas nuestras fuerzas en seguida, en lugar de ir construyendo la historia poco a poco y disfrutar de la escritura.

Lo que implica escribir rápido

    1. Puedo obtener resultados muy rápidos y terminar una historia en cuestión de horas. Esta no tiene por qué ser buena; sin embargo, puedo pulirla, pero quizás, por efecto de las prisas, haya perdido toda su magia inicial.
    2. Podemos acabar coartando nuestra capacidad de concentración; así, nuestra creatividad bajará cuando no seamos capaces de escribir tan rápido (creedme que habrá días en los que apenas escribiréis).
    3. Podemos sufrir el síndrome de «escribiré una novela en 30 días» o, lo que es lo mismo, ser escritor de masas y no crecer como persona. Ganar dinero, ganar dinero y crecer en ese ámbito. Esto ya lo hablamos en qué tipo de escritor quieres ser y si lees este blog está claro que no quieres seguir este camino, pues no te servirá en tus orígenes (puede que más adelante sí, cuando hayas crecido como escritor lo bastante como para tener varios bestsellers a la venta, pero podrás ser un buen escritor y empezar a centrarte en tu público, pues ya llevas un largo camino recorrido).
    4. Esta forma de pensar acabará por generarnos frustración.

Lo que implica escribir fluido

    1.  Podemos tener la sensación de que escribimos muy despacio y apenas avanzamos en  nuestros objetivos.
    2. Somos constantes y aprendemos que a veces no tendremos ganas de escribir o, sencillamente, no avanzaremos tanto como nos gustaría; sin embargo, somos como una hormiguita que va haciendo pequeños progresos, siempre hacia adelante todos.
    3. La fluidez no implica rapidez, ni implica escribir todos los días estrictamente. Sin embargo, nos permite avanzar hacia un objetivo de forma más relajada, sin que deseemos aplicar estrictos y funestos controles en nuestro avance; los cuales, por cierto, nos desmoralizan más que ayudarnos.
    4. Podemos tardar más en hacer una historia, pero vamos enriqueciéndonos durante el proceso; no tenemos prisas, solo queremos crecer y disfrutar.

3. Definición propia de planificar

Sé que os puede sonar raro que los dos términos sean contrapuestos, y que además parezca que no tienen nada que ver con planificar. Sin embargo, vamos a definir mi propia definición al respecto, la cuál, como siempre, sois libres para comentar y ampliar cuanto queráis. Así, yo veo planificar como:

Pensar en qué debemos hacer para llevar a buen término nuestra obra, siempre desde el punto de vista de crecer durante el proceso, enriquecernos y hacer que la historia fluya desde el principio hasta el final, teniendo en mente sólo la historia y sus personajes.

Dicho así, implicaría dejar a un lado a los potenciales lectores y beneficios que podamos obtener. Una buena planificación se aprecia con pequeños logros, y jamás deberá basarse en mediciones de un número de palabras, capítulos o hechos relativos a la historia, parámetros meramente estadísticos y que poco aportan acerca de lo cerca o lejos que estamos de nuestros objetivos.

4. ¿Qué debemos planificar?

Tras meditar acerca de esta definición anterior, hace ya un tiempo, comencé a ver más adecuada la planificación de una materialización de ideas o personajes. Ya ni cuento las páginas, el tamaño de la letra o el número de capítulos que voy a tener. Lo que suelo planificar es el conjunto de ideas que quiero expresar, además de una transición que una los diferentes estados e ideas que experimento durante la obra. Repito, es vital no pensar al principio en los lectores, ya que la magia puede irse al traste.

Os dejo un enlace al capítulo 1 de trucos y herramientas para la escritura, en el cual podréis encontrar esta sencilla ficha para registrar y planificar de forma breve una historia. También podréis descargarla a continuación:

    1. Ficha de historia en formato excel
    2. Ficha de historia en formato pdf

Con esta simple ficha podréis registrar rápidamente cualquier idea y planificar todos los elementos que necesitáis para llevarla a cabo,  y lo más importante, lo podéis hacer para anotar cualquier cosa que queráis probar o crear y no tenéis tiempo para hacerlo en ese momento: recordad que esto también es planificar.

Finalmente, os anoto un comentario que hizo Kelly Hernández al respecto, y es que podéis emplear vuestro teléfono móvil para tomar notas de todo aquello que queráis plasmar y no tenéis tiempo para hacerlo. Eso sí, recordad que tenemos que centrarnos en las ideas, en las emociones y en la forma en la que la historia fluye; lo demás es accesorio.

5. Conclusiones

Ha sido un post largo, pero creo que ha merecido la pena. Todo lo que hemos comentado se podría resumir en que debemos plantear todos aquellos elementos que precisamos para que nuestra historia se materialice tal y como deseamos que suceda, desde un punto de vista intrínseco a la propia trama y siempre dejando a un lado cualquier elemento externo a nosotros mismos.

Todos nosotros tenemos que crecer antes, durante y después de escribir nuestra historia: este crecimiento solo se obtiene  si pensamos en las emociones y experiencias, y nunca en el dinero, la fama o el público.

¡Feliz escritura!